Santiago se aprontaba para su primer día de clases. Toda su fe estaba en que a partir de este momento, su vida cambiaria para siempre
Cuando llegó a su nueva sala de clases todo iba bien, se sentó, habló unas palabras con gente que en su corta vida había visto; hasta tuvo un par de miradas con una niña muy linda que sería compañera suya. Todo iba bien… hasta el fatídico momento en que la profesora comenzó a pasar la lista de asistencia.
Fue en ese justo momento en que dijeron su nombre cuando toda su vida se fue al demonio:
– ¿Santiago?
– Presente!
– Ja!, como el Transantiago! – dice la profesora.
Todos sus compañeros, y la profesora, comenzaron a reírse de el, casi reprochándole por la maldita coincidencia
Desde ese día, que el pobre de Santiago es motivo de burlas y risas por todo el colegio. Es más, hasta la gente en la calle, sin saber porque, lo queda mirando y lo apunta con el dedo, con ira y burla en sus miradas:
Santiago no tiene la culpa.

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